De certificaciones y prácticas reflexivas... Una anécdota en las IV Jornadas Nacionales de Prácticas y Residencias en la Formación Docente
Los días 7,8 y 9 de octubre con varias/os colegas, participamos en las IV Jornadas Nacionales de Prácticas y Residencias en la Formación Docente, co-organizadas entre la cátedra de Práctica Docente y Residencia de la Escuela de Ciencias de la Educación, Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba y varios Iinstitutos de Formación Docente de la ciudad de Córdoba, entre los que figura el Instituto Provincial de Educación Física, IPEF (mi lugar habitual de trabajo).
La iniciativa y sus objetivos son realmente fantásticas, pero empalidecieron ligeramente por pequeños detalles que, a pesar de su aparente insignificancia dan cuenta de modos de actuar que contradicen fuertemente los principios y teorías enunciadas en los fundamentos del evento.
Las producciones en las comisiones que pudimos compartir, mis cinco colegas y yo, fueron de excelente calidad y transcurrieron en un clima de escucha, respeto e interés por las presentaciones ajenas en general... Los foros se destacaron también por su relevancia y la buena disposición de los y las participantes.
No puedo decir lo mismo de la disposición de la secretaría y los/las responsables de las certificaciones, quienes además de ofrecer un formato poco claro en ambas versiones (porque se otorgaban dos tipos de certificados): Uno de ponente y otro de autor /co-autor... En el primero no se consigna la fecha de la ponencia y en el segundo las organizadoras pretenden que con una sola copia (en el caso de más de un/a autor) se puedan manejar los y las autoras... bajo el argumento "se hace así en todas partes".
Lejos de pensar que el argumento "Así se hace" no tiene (o al menos no debería tener la fuerza suficiente per sé) y rechazar las más pragmáticas razones que enunciábamos algunos/as que nos animamos a solicitar tantas copias como autores figuraban en la presentación del trabajo, como por ejemplo que si vivimos en lugares distantes se hace bastante difícil compartir a la hora de presentar antecedentes.... Los/las organizadoras reforzaban su respuesta con sugerencias como: “Saquen fotocopias”, lo que suena bastante ridículo si se tiene en cuenta que en concursos y a la hora de presentar certificaciones de antecedentes muchas veces prima la burocracia y no se acreditan las certificaciones que no se presentan con “los originales”…
El colmo, para mi gusto fue cuando una de las responsables ante mi insistencia, nada amable a esas alturas lo reconozco, me dijo:
- Bueno, nosotras organizamos y los certificados se hacen así. Yo contesté:
- Tenés razón, ustedes son los/las dueñas de la pelota y jugamos con sus reglas…
- Es nuestro criterio y tus colegas del IPEF no dijeron nada de éste tema en las reuniones previas…
Ante lo cual se retiró raudamente a atender cuestiones seguramente más importantes.
Como decía al principio, pequeños detalles… que ilustran modos de operar sobre las propias prácticas. La reflexión sobre las propias prácticas no solo es necesaria en cuestiones "mayores", no se funda en los discursos que enunciamos, sino en las acciones, por más pequeñas sean, que intentamos vayan en sintonía con ellos. Si nos damos cuenta que algo que planificamos no resulta tan bueno o adecuado para sus destinatarios/as ¿No sería bueno reírnos un poco de nuestras deficiencias y buscar soluciones posibles? O al menos contestar más amablemente a las demandas/preguntas, por más inoportunas o desacertadas éstas sean… Porque de eso se trata poder mirarse, de ver más allá del enojo que nos causa que nos marquen los propios desatinos.